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domingo, 27 de enero de 2013

El camino del indio existe y está en Tafí Viejo




El camino del indio existe y está en Tafí Viejo
"Don Ata" compuso su primer tema en homenaje a don Anselmo, un taficeño que lo acompañaba a robar naranjas dulces cuando tenía nueve años.

La historia es casi desconocida; incluso por los mismos tucumanos. De hecho sus detalles persisten sólo en la tradición oral, casi a la manera de una leyenda. Sin embargo, los hechos no son ficción: ocurrieron realmente. Y hay algunos vecinos dignos de fe, que pueden dar testimonio de ellos. 

En el verano de 1917, el gran Atahualpa Yupanqui, autor de la emblemática "Luna tucumana", se instaló junto a su familia en Tafí Viejo. Su padre, que había aprendido a manejar el telégrafo Morse, ocupaba un puesto en la estación ferroviaria. Antes había sido peón nómade (lo que ahora llamamos "golondrina") y luego se hizo ferroviario. Eran los tiempos del gran auge de los talleres ferroviarios, que habían comenzado a cambiar el paisaje de la bucólica y fresca villa veraniega. 

Atahualpa se instaló junto con su familia (padre, madre y dos hermanos) en la primera cuadra de la avenida Alem, a metros de la estación. Pero, en aquellos años, la avenida no era avenida y los caminos del pueblo sólo tenían una traza de tierra y ripio, deliciosamente arboladas por tarcos amables y laureles fragantes. La vida era tranquila y armoniosa; casi como en un Paraíso primordial. Atahualpa, que por entonces tenía 9 años, solía desandar aquellos caminos durante las siestas eternas, siempre cerro arriba. Él lo contó una vez en una entrevista: "A la hora de la siesta simulábamos dormir y apenas los mayores bajaban la guardia, saltábamos de la ventana de nuestra casa taficeña y nos íbamos a robar naranjas en las quintas de los vecinos. Las robábamos amargas o dulces, verdes o pintonas". 

Fue justamente en una de esas incursiones que Atahualpa conoció a don Anselmo, a quien apodó "El Indio". Era un viejo estoico y callado, que vivía solitariamente en un ranchito al pie de lo que hoy se conoce como "La Toma". Su finca estaba rodeada de plantaciones de naranjas que inmigrantes españoles y marroquíes habían traído de la zona del Tanger. Esas naranjas llamadas popularmente "dulces del Mediterráneo", eran únicas en Tucumán y se habían convertido en la debilidad de Atahualpa. Don Anselmo lo sabía y por eso acostumbraba a acompañar al pequeño "Ata" en esos inocentes "saqueos". Fue justamente esa amistad cómplice, la que hizo que el compositor pudiera fraguar ese clima de nostalgia que plasmaría luego en uno de sus temas más famosos. 

Casi una década después, cuando Atahualpa ya vivía en Buenos Aires, recibió una carta desde Tafí Viejo que lo dejó perturbado. "En ella me decían: '¿te acordás de Anselmo? Lo encontraron muerto, ya muy viejito. ¡Que te vas a acordar! Ustedes eran muy changos'. Pero yo sí me acordaba. Tenía frescos los recuerdos de ese tiempo. Movido por la nostalgia idealicé las caminatas hacia lo de Anselmo y escribí mi primera canción. Tenía 18 años. Fue el cielo azul de Tafí Viejo lo que hizo nacer aquellos versos", contó don "Ata". 

Esa canción, no sólo fue la primera que escribió, sino que se convirtió en una de las más interpretadas de nuestro folclore. La grabaron desde coros franceses hasta solistas islandeses. Y, según los folcloristas de ley, su encanto radica justamente en la melancolía del personaje que se funde con la belleza del cerro. 

El sendero no se perdió 
¿Existe hoy el camino del indio? Según Hugo Assaf, vecino de Tafí Viejo, ex presidente del Club Villa Mitre y fundador del Festival del Limón, el camino no sólo existe sino que puede recorrerse sin problemas. "En una cena que compartimos en 1966, el mismo Yupanqui me contó la historia de don Anselmo. Yo siempre pensé que el tema 'Camino del indio' estaba dedicado a Tafí del Valle. Pero en realidad el camino está aquí, en Tafí Viejo. Se lo puede recorrer por la calle Uttinger hacia el cerro. Cien metros antes de llegar a La Toma, se dobla por un sendero que va de sur a norte, como dice la canción. Ese sendero termina en la Hostería que, curiosamente y por esas cosas del destino, fue bautizada Atahualpa Yupanqui", señaló. Esa es, según Assaf, la pura verdad. Una verdad que, a fuerza de recuerdos y mucha nostalgia, puede salir por fin a la luz.





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